junio 24th
Pasaje Begoña: así era el ‘Stonewall español’
Sólo era un callejón, pero qué callejón era. El Pasaje Begoña, en Torremolinos, constituía un pequeño oasis en la España franquista. Un lugar de color en medio de un país gris, en el que las relaciones entre personas del mismo sexo estaban penadas, primero con la inclusión de los homosexuales en la modificación de 1954 de la Ley de Vagos y Maleantes, que estableció campos de concentración para hombres gays (separados por activos y pasivos) y a partir de 1970 con la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social.

Aspecto nocturno del Pasaje Begoña en los 60. Foto: Asociación Pasaje Begoña.
En realidad, el que el Pasaje Begoña estuviese en Torremolinos no era algo extraño. Se trataba de la evolución lógica de una localidad bajo la influencia internacional, mientras la mayor parte del resto de España sufría el yugo nacionalcatólico. Probablemente, la transformación de Torremolinos de un pueblo de pescadores en una suerte de Costa Azul a la española comenzó en la primavera de 1930, cuando Dalí y Gala decidieron pasar su luna de miel aquí. Ella en top less, él en taparrabos. De hecho, en la casa de dos habitaciones que alquilaron (una de las cuales hacía de estudio) él pintó El hombre invisible. Más adelante, en los años 50, pisarían la localidad malagueña personajes como Ava Gardner, Grace Kelly, Marlon Brando o Elizabeth Taylor.
La eclosión de Pasaje Begoña llegó en la década posterior, en los 60. En 1962 abrió Tony’s, ampliamente considerado el primer bar gay de España. Después llegaron otros muchos. En La Boquilla no era raro encontrarse con Brian Epstein, apodado el quinto Beatle. Era el manager del grupo de Liverpool. En realidad, la cercanía con Gibraltar también desempeñó un papel muy importante en el despunte de Torremolinos como un lugar de referencia para el turismo gay. The Blue Note fue fundado por la pianista de jazz holandesa Pia Beck y su pareja, Marga. Beck se había establecido aquí en 1965, después de haber cosechado un gran éxito en Estados Unidos, donde se enfrentó a la activista homófoba y ultracatólica Anita Bryant (quien, por cierto, recibió un merecido tartazo en la cara en 1977, en Des Moines, por parte del activista gay Thom Higgins).

Pia Beck entre su mujer y su hijo en el célebre Blue Note. Foto: Asociación Pasaje Begoña, cedida por Gino Felleman.
La Sirena era frecuentado por celebridades como el actor austriaco Helmut Berger. En las jaulas de la discoteca Le Fiacre se contoneaban jóvenes bailarines musculados. El Bohío, El Quijote, Las Cuevas de Aladino o Montecristo eran otros locales donde turistas y locales podían divertirse en paz.

Bar La Sirena. Foto: Asociación Pasaje Begoña, cedida por Ramón Cadenas.
No se trataba de lugares sórdidos, oscuros y sucios, sino de locales llenos de luz y música donde también iban extranjeras heterosexuales atraídas por el ambiente e incluso familias al completo. A fin de cuentas, ver bailar a Grace Jones bajo una bola de espejos no era algo precisamente común en este país.

Bar La Boquilla. Foto: Asociación Pasaje Begoña, cedidas por Ramón Cadenas.
Así, Pasaje Begoña fue conformándose como un oasis hedonista de libertad multicolor en una España negra. Su fama se extendió por Europa y llegó hasta Nueva York, que por entonces ni siquiera había tenido el estallido de Stonewall todavía.
Pero todo cambió el 24 de junio de 1971. Aquella noche, una redada de la policía franquista acabó con Pasaje Begoña, tras haber recibido la orden del Gobernador Civil de Málaga, Víctor Arroyo. Cientos de camiones grises de la Policía Armada irrumpieron, y de ellos se bajaron efectivos de la policía gubernativa y municipal, armados con metralletas y fusiles CETME. Empujaron y golpearon a todo aquel que encontraron a su paso. 300 personas fueron identificadas, y 114 de ellas arrestadas, según la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social vigente entonces. Algunos fueron directamente a la cárcel. Otros, a la comisaría general de Málaga. Los extranjeros fueron deportados. 23 locales fueron clausurados y las multas ascendieron hasta 20.000 pesetas por atentar con la moralidad pública. A partir de ese momento, Pasaje Begoña inició su decadencia, y se convirtió en un lugar oscuro donde la droga y la prostitución campaban a sus anchas. Torremolinos dio así el testigo a otros destinos, como Ibiza, Barcelona o Sitges. Pasaje Begoña incluso perdió su nombre, pasando a llamarse Pasaje Gil Vicente en 1981.

Cartel de bienvenida a Torremolinos a comienzos de los años 60. Foto. Asociación Pasaje Begoña, Ayuntamiento de Málaga.
Una de las tesis que explican la redada fue que, la tarde anterior a los hechos, la esposa del Gobernador Civil había ido de visita con unas amigas a Torremolinos y, al toparse con aquello, le pidió a su marido que acabase con Pasaje Begoña. Pero es sólo eso: una hipótesis. En realidad, y aunque llevaba algún tiempo escuchándose que eso podría suceder, resulta casi imposible averiguar con certeza la causa exacta por la que tuvo lugar la redada. Lo que sí se dice (a pesar de las obvias diferencias) es que fue lo más parecido a Stonewall que vivió España. De hecho, en junio del año pasado, Pasaje Begoña se hermanó con el neoyorquino The Stonewall Inn, el local donde oficialmente nació lo que hoy conocemos como el Orgullo LGTBI. “Ahora estamos en pleno proceso de hermanamiento con One Pulse Foundation de Orlando”, me adelanta Jorge Pérez, presidente de la asociación Pasaje Begoña.
En 2018 se creó esta asociación, para recuperar la memoria de un lugar muy importante en la historia LGTBI de España. Un grupo de empresarios decidió asociarse bajo el nombre de Fénix, y han reabierto comercios con algunos de los nombres más populares de su época de esplendor, como los apartamentos turísticos Aladino, la heladería Boquilla, la agencia de viajes La Sirena o la tienda de ropa Gogó, el bar que abrió tan sólo 21 días antes de la redada. La recuperación de su memoria también ha sido posible gracias a una investigación llevada a cabo por parte de la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla.
Pasaje Begoña fue declarado lugar de Memoria Histórica LGTBI por la Junta de Andalucía y por el Congreso de los Diputados en 2019. Este año, la sonadísima campaña del Orgullo LGTBI llevada a cabo por Correos rinde homenaje en sus sellos a este lugar que abrió el camino que, muchos años después, recorrimos otros en libertad.
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